Me llamo Carlo Marentes y soy enano. (Lo digo por si tienes en mente cosas más grandes que hacer con tu tiempo y piensas que lo malgastas conmigo. Adiós.)
¿Te quedaste? Bien, pues entonces tú te lo buscaste. Chúpate estas quejas. Un tío me dijo que si me sentía un poco deprimido escribiera unas cuantas líneas en esta Web y las enviara por la Red, pues siempre habría algún trasnochado que las leyera aunque fuera por ocio.
La verdad es que apenas sé juntar cuatro líneas y mis dedos no me ayudan del todo porque las teclas –cosa curiosa- me quedan pequeñas para mis dedos regordetes. De cualquier manera trataré de dar una idea de quién soy, cual es mi mundo y qué razones me mantienen pisando el asfalto.
Ya dije mi nombre, Carlo. Se le ocurrió a mi abuelo. Era un tipo de esos que leen artículos en el Rider’s Digest y luego dicen que saben todo de historia o de ciencia. Un día leyó una biografía de Carlomagno y se le metió en la cabeza que su primer nieto debía llevar ese nombre porque siempre le vendría bien al ego. Él se llamaba Arnulfo y decía haber sufrido mucho por ese nombre feo y de poca monta. Claro, el viejo no sabía que yo, su primer nieto tendría lo que los jodidos científicos llaman, rimbombantemente, acondroplasia, y lo que mis primeros compañeritos de escuela llamaban, jodida enanes de mierda (ruego se me perdone emplee palabras no muy gratas; no quisiera hacerlo porque últimamente todo mundo las usa y ya me siento harto de eso; en eso mi abue tuvo razón, lo de Carlo me nutrió el ego y me gusta sentirme un poco distinto.) En fin, el viejo debió echar a volar la imaginación conmigo y convenció a mis padres de que me debían poner el nombre de su héroe. Luego vino su desencanto. Le hicieron unos análisis a mi madre en el Seguro Social cuando estaba embarazada y le dieron la mala noticia de que tendría un hijo un poco más pequeño de lo normal. Dice una tía mía que ella se lo tomó con sabiduría y luego de un corto tiempo de pasmo dijo, bueno, “así siempre será mi bebé.” El abuelo, en cambio, se enojó porque no fuera legal el aborto. Renegó contra Dios y contra la humanidad. Y para colmo de la ironía, ya le había dicho a la gente de su trabajo (la compañía Federal de Electricidad) que tendría un nieto al que le pondría Carlomagno. Imagino que mi abue se hizo una peli en la cabeza de todas las burlas que dirían con el paso de tiempo a sus espaldas.
Luego les cuento más. Resulta que aunque sea enano el día dura también para mí es de 24 horas y debo atender otras ocupaciones. Siento que mi relato fuera corto. Pero ¿qué esperaban de mí? Saludos a todos, pequeños, grandes y extragrandes.
Carlo.